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Ejido está situado
en un hermoso valle andino. Pueblo privilegiado por su
belleza natural y la bondad de sus habitantes, que ansiaban
para sus hijos una educación cristiana esmerada y sentían la
necesidad de un colegio católico.
Mons. Chacón,
Arzobispo de Mérida, por mediación del P. Iriarte, S.1.,
Asesor de Religiosos de Venezuela, logró la colaboración de
las Hijas de la Natividad de María.
Llegaron las
primeras el 16 de noviembre de 1957. La población de Ejido
las recibió con alegría, y personas cualificadas colaboraron
sumándose al proyecto apostólico de Don Baltasar.
Las recién llegadas se instalaron en un caserón
colonial; al día siguiente se procedía a la bendición de
esta Casa-Colegio y se iniciaron las actividades escolares
del 1.° al 6.° grados.
Pronto llegó de España el refuerzo. La juventud y
alegría de estas Hijas de la Natividad llamaron la atención
del Sr. Arzobispo quien las calificó cariñosamente «el
Kínder de Venezuela». Su confianza filial en Dios Padre, su
generosidad y entrega pronto tuvieron eco; el Párroco, P.
Urcátegui, donó el solar para la construcción del nuevo
edificio en marzo de 1958, y en 1960 se bendijo el terreno y
se colocó la primera piedra.
Don Baltasar
viajó a Ejido, al que con gozo llamaba «Montaña de la
Visitación», «Rosal de Nazaret», «Nuevo Palomar». Conoció la
afabilidad y el corazón generoso de aquellas gentes. Vio
como sus Hijas vivían hermanadas con este pueblo formando
una gran familia.
De 1963 a 1969, tras muchos trabajos y no pocas
dificultades, se trasladaron al nuevo edificio, inauguraron
el segundo piso, canchas deportivas y parque infantil |