"La educación es la más noble de las empresas y el mejor bien que se puede hacer al hombre"

 

La Grande Obra de Atocha 

El 15 de Septiembre de 1940 La Grande Obra llega a PONTEDEUME.

En el año 1940 también, nace la segunda filial en BETANZOS.

Diez años después La Grande Obra llega a ARZÚA, se funda lo que hoy es el Colegio "Nuestra Señora del Rosario"

Actualmente La Grande Obra se encuentra en otro punto de la Geografía española: VALDEPEÑAS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   La Grande Obra de Atocha

Ciudad Guayana, en el Estado Bolívar, al oriente de Venezuela y formada por dos ciudades (San Félix y Puerto Ordaz), unidas por varios puentes sobre el caudaloso río Caroní, fuente de riqueza hidroeléctrica, es una de las regiones más antiguas del mundo y más interesantes del País.

Tierra que se encuentra al Sur del grande y majestuoso río Orinoco, es una región única en sus paisajes, como el Salto Ángel, la catarata más alta del mundo y la Laguna de Canaima, con sus saltos de agua espectaculares. Los hermosos saltos de la Llovizna, conformado por una porción de las islas y saltos inferiores del  río Caroní, aproximadamente cinco kilómetros antes de la confluencia con el río Orinoco, (el fenómeno de la bruma producida por el agua pulverizada es lo que da nombre al salto y al parque), y El Cachamay que toma su nombre de los raudales del bajo Caroní, mirador natural ante la majestuosidad y velocidad de las aguas. Pero también el barrera que separa, realmente, a dos ciudades contrapuestas socialmente. La de un margen, rica y la del otro, pobre.

En la vía hacia Brasil, se encuentra la Gran Sabana, con sus tepuyes, esas montañas con paredes verticales, en cuya cima se consiguen ecosistemas únicos en el mundo. También allí se asientan las tribus aborígenes, con sus costumbres ancestrales y al margen (o marginadas) de la sociedad y del progreso.

En el año 1955, tras tres fundaciones en Latinoamérica (una en un barrio de Montevideo-Uruguay y dos en Caracas-Venezuela), surge la del Colegio “Nuestra Señora de Fátima» en San Félix de Guayana.

El inquieto misionero Padre Zabaleta, sintiendo la necesidad de ayuda en aquella zona, en pleno desarrollo, poblada por nativos y una gran masa obrera, expone la situación a Don Baltasar a su paso por Caracas, de regreso del Uruguay.

Impresionado por la descripción y similitud con lo que había sido el barrio de Atocha de La Coruña a su llegada al mismo, no duda ni un instante en llevar a aquella tierra marginal, situada en la confluencia de los magestuosos ríos Caroní y Orinoco, a un grupo de siete Hijas de la Natividad de María. Para iniciar su actividad se vieron en la situación de alojarse en una barraca, que no reunía las más elementales condiciones de habitabilidad,  con el agravante de un intenso calor  y que había de prestar las dos funciones: vivienda y colegio, lo que no causó poca preocupación a Don Baltasar. A pesar de todo, conociendo la necesidad de regeneración de aquel poblado y contando con la disponibilidad, unión, entusiasmo y celo apostólico de sus hijas, allí las dejó, con honda preocupación, no obstante el gozo que suponía una fundación en territorio de Misión.

Vencidos muchos obstáculos, privaciones y dificultades, con mucha celeridad y gran tesón día a día, todo se fue superando, y hoy, gracias a Dios, cuenta Ciudad Guayana con el hermoso Colegio «Nuestra Señora de Fátima» -donado por la Corporación Venezolana de Guayana-, acreditado en todo el territorio nacional por su funcional estructura (sus grandes espacios verdes, Canchas Deportivas, Parque Infantil), y sobre todo, su calidad educativa  y la formación de cada alumno como persona humana y cristiana.

El pequeño grupo inicial de cuarenta alumnos se ha visto multiplicado vertiginosamente, y hoy son 1.100 los alumnos con los que cuenta el centro.

El Colegio “Nuestra Señora de Fátima” sigue dando respuesta  hoy a las innumerables dificultades económicas y sociales  que vive esta hermosa parte del País, como lo hizo en los primeros tiempos de su fundación.

No cabe duda que el Colegio es un verdadero “oasis”  en el que padres, profesores, alumnos y ex – alumnos, pueden oxigenarse, en esta zona tan rica en materias primas de toda índole, pero tan marcada por la pobreza, la marginación gubernamental y la desigualdad social.

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