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Ciudad Guayana, en el Estado Bolívar, al oriente de Venezuela y formada
por dos ciudades (San Félix y Puerto Ordaz), unidas por
varios puentes sobre el caudaloso río Caroní, fuente de
riqueza hidroeléctrica, es una de las regiones más antiguas
del mundo y más interesantes del País.
Tierra que se encuentra al Sur del grande y majestuoso río Orinoco, es
una región única en sus paisajes, como el Salto Ángel, la
catarata más alta del mundo y la Laguna de Canaima, con sus
saltos de agua espectaculares. Los hermosos saltos de la
Llovizna, conformado por una porción de las islas y saltos
inferiores del río Caroní, aproximadamente cinco kilómetros
antes de la confluencia con el río Orinoco, (el fenómeno de
la bruma producida por el agua pulverizada es lo que da
nombre al salto y al parque), y El Cachamay que toma su
nombre de los raudales del bajo Caroní, mirador natural ante
la majestuosidad y velocidad de las aguas. Pero también el
barrera que separa, realmente, a dos ciudades contrapuestas
socialmente. La de un margen, rica y la del otro, pobre.
En la vía hacia Brasil, se encuentra la Gran Sabana, con sus tepuyes,
esas montañas con paredes verticales, en cuya cima se
consiguen ecosistemas únicos en el mundo. También allí se
asientan las tribus aborígenes, con sus costumbres
ancestrales y al margen (o marginadas) de la sociedad y del
progreso.
En el año 1955, tras tres fundaciones en Latinoamérica (una en un barrio
de Montevideo-Uruguay y dos en Caracas-Venezuela), surge la
del Colegio “Nuestra Señora de Fátima» en San Félix de
Guayana.
El inquieto misionero Padre Zabaleta, sintiendo la necesidad de ayuda en
aquella zona, en pleno desarrollo, poblada por nativos y una
gran masa obrera, expone la situación a Don Baltasar a su
paso por Caracas, de regreso del Uruguay.
Impresionado por la descripción y similitud con lo que había sido el
barrio de Atocha de La Coruña a su llegada al mismo, no duda
ni un instante en llevar a aquella tierra marginal, situada
en la confluencia de los magestuosos ríos Caroní y Orinoco,
a un grupo de siete Hijas de la Natividad de María. Para
iniciar su actividad se vieron en la situación de alojarse
en una barraca, que no reunía las más elementales
condiciones de habitabilidad, con el agravante de un
intenso calor y que había de prestar las dos funciones:
vivienda y colegio, lo que no causó poca preocupación a Don
Baltasar. A pesar de todo, conociendo la necesidad de
regeneración de aquel poblado y contando con la
disponibilidad, unión, entusiasmo y celo apostólico de sus
hijas, allí las dejó, con honda preocupación, no obstante el
gozo que suponía una fundación en territorio de Misión.
Vencidos muchos obstáculos, privaciones y dificultades, con mucha
celeridad y gran tesón día a día, todo se fue superando, y
hoy, gracias a Dios, cuenta Ciudad Guayana con el hermoso
Colegio «Nuestra Señora de Fátima» -donado por la
Corporación Venezolana de Guayana-, acreditado en todo el
territorio nacional por su funcional estructura (sus grandes
espacios verdes, Canchas Deportivas, Parque Infantil), y
sobre todo, su calidad educativa y la formación de cada
alumno como persona humana y cristiana.
El pequeño grupo inicial de cuarenta alumnos se ha visto multiplicado
vertiginosamente, y hoy son 1.100 los alumnos con los que
cuenta el centro.
El Colegio “Nuestra Señora de Fátima” sigue dando respuesta hoy a las
innumerables dificultades económicas y sociales que vive
esta hermosa parte del País, como lo hizo en los primeros
tiempos de su fundación.
No cabe duda que el Colegio es un verdadero “oasis” en el que padres,
profesores, alumnos y ex – alumnos, pueden oxigenarse, en
esta zona tan rica en materias primas de toda índole, pero
tan marcada por la pobreza, la marginación gubernamental y
la desigualdad social.
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