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Está ubicada en uno de los principales valles de la Cordillera Central,
(un valle relativamente pequeño y bastante irregular), muy
cerca de las costas bañadas por el Mar Caribe. Se encuentra
separada de éstas por el majestuoso Cerro E Ávila, cuya
altura se eleva a los 2600 metros.
A comienzos del
siglo XX
Caracas todavía era una pequeña ciudad agrícola en cuyo
centro se desarrollaba el comercio, con edificaciones de
tamaño bajo y se definida como "ciudad de los techos rojos".
Caracas comparte puntos en común con las ciudades
latinoamericanas. La mezcla étnica y cultural ha marcado a
la ciudad a través de su historia. Densamente poblada debido
al bum petrolero (1934 en adelante) y al abandono de la
actividad agrícola y ganadera, y con un espacio limitado por
estar rodeada de montañas, ha crecido de forma vertical,
cubriendo sus colinas verdes de viviendas en las que el
hacinamiento, la marginalidad, la
prostitución,
la economía informal y la violencia, son el fruto cosechado
por la incapacidad de políticas económicas y sociales.
A esta Caracas de la segunda mitad del siglo XX llaga Don Baltasar
recibir una llamada del Padre Iriarte que, informado por la
Srta. Ángeles Singer de la personalidad y actividad
incansable de Don Baltasar, inmediatamente se pone en
contacto con él. Don Baltasar acude a la llamada.
Estoy plenamente convencida que vislumbró lo que detrás de ese
acontecimiento -aparentemente tan pequeño- se escondía... Y
Don Baltasar se deja conducir por el Espíritu, confiado como
un niño, sin miedo al riesgo ni a lo desconocido. Abre su
corazón y responde. Esta respuesta abre la puerta a la
primera fundación en Venezuela del Instituto Secular «Hijas
de la Natividad de María».
A Caracas llega el primer grupo el 29 de junio de 1955 y, como punto
estratégico y trampolín, aceptan atender la Mansión del
Sagrado Corazón, tipo residencia para señoras.
El 3 de agosto de este mismo año, llegan dos más para encargarse de hacer
las inscripciones -se hacen en la Casa Parroquial de Bella
Vista- del grupito de niñas con las que comenzará a
funcionar el Colegio «La Natividad».
Con este fin alquilan una casa en la primera avenida de Bella Vista, que
será vivienda y colegio al mismo tiempo, desde el 19 de
agosto de este mismo año. Aquí será su sede hasta el año
1959, en que se trasladan a la C/4 de Vista de Alegre, en
donde sigue en la actualidad. La atención a la Mansión dura
sólo hasta el l de octubre de 1956.
En aquel momento, aunque vivían en suma estrechez, esta zona era
relativamente tranquila, en comparación con otras zonas
marginales de la Ciudad. Lamentablemente hoy no es así. La
precariedad económica de la población circundante hace que
la inseguridad y la pobreza haga de este pequeño, pero
entrañable Colegio, un lugar de PAZ, de acogida. Un pequeño
y hermoso hogar, en el que todos los que allí se acercan se
sienten queridos y respetados.
El Carisma que Don Baltasar ha dejado impreso en
sus HIJAS sigue vivo como en aquel primer momento de su
Fundación, en este pequeño rincón de la inmensa Ciudad
Capital de Venezuela.
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