El ansia evangelizadora de Don Baltasar le lleva a acudir a las zonas marginales; por eso, al recibir la petición del
P. Agustín Augustinovich, párroco de Caucagua (Estado de Miranda), envía a cinco Hijas de la Natividad de María a esa zona
subdesarrollada de Barlovento, pueblo cosmopolita donde la mayoría eran nativos de color, y una minoría, de distintas razas,
culturas y religiones que convivían en sana armonía. Gran parte de la población estaba formada por gente pobrísima en todos
los aspectos pero rica por la caridad humana que posee quien todo lo comparte.
El 17 de septiembre de 1956, las Hijas de la Natividad comenzaron el curso en la calle de La Laguna y se instalaron en
una casa situada en la calle del Viento, donación de la familia Trujillo. En el patio se construyeron galpones para cuatro
clases; las restantes se impartían en «El Calvario», una construcción parroquial a dos kilómetros de distancia.
En 1964 se construyó un nuevo Colegio que fue reestructurado en el curso 1995-96, con amplios patios y canchas de juego.
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